Entre la llegada del candidato al monasterio y su integración definitiva a la comunidad, existe un largo período de probatorio que se pasa en el noviciado, bajo la dirección del Maestro de novicios.
Conviene verificar, y en caso de necesidad adquirir, las bases indispensables de cultura general, religiosa y lingüística (latín para la mayoría, francés para algunos extranjeros). El maestro de novicios ayuda también al novicio a penetrar la enseñanza de la Regla y de la tradición monástica. Y por su acompañamiento espiritual, le aprende a mejor conocerse y a emprender con valor, a la luz del Evangelio, el combate espiritual que es uno de los aspectos de toda vida mon´stica.
Momentos fuertes jalonan este período: la vestidura (o toma del hábito monástico), la profesión simple (compromiso para tres años) y la profesión solemne, cuando el novicio hace a Dios para siempre el don de su persona. Antes de este compromiso definitivo, el joven monje debe haber hecho don a quien quierra, en toda libertad, de lo que posee o recibirá en herencia, sin reservarse nada. Entonces podrá servir a Dios en la pobreza, la castidad y la obediencia, condiciones de una verdadera libertad espiritual.