
El prior de don Guéranger, don Charles Couturier, fue elegido para sucederle. El mandato de este abad, hombre bueno y prudente, se iniciaba con buenos auspicios, en un monasterio cuya única preocupación era la de hacer fructificar la herencia paterna.
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| Dom Charles Couturier (1817-1890) |
Sin embargo, empieza la tormenta cuando los decretos del 29 de marzo de 1880 quieren someter los religiosos a condiciones inaceptables, lo cual conduce en realidad a la disolución de la mayoría de las congregaciones masculinas en Francia. En un largo y memorable día, el 6 de noviembre, los monjes de Solesmes son objeto de una expulsión espectacular.
Durante unos quince años, con periodos de distensión o de tirantez, de regresos parciales o completos, o de nuevos rigores, los monjes viven fuera de su casa. Se celebran los oficios en la iglesia parroquial o en Santa Cecilia. Los religiosos viven en unas veinte casas que tienen a su disposición. Una gran gracia de Dios les permite conservar su fervor, a pesar de las condiciones de vida tan anormales.
La adversidad fortifica la unión de los corazones, atrae las vocaciones y hasta favorece las fundaciones, ya que un grupo de monjes recupera el monasterio de Saint-Maur en Anjou, y un pequeño grupo de capellanes que acompaña a las monjas en Wisques, en Artois, prepara la fundación del monasterio de San Pablo.
