Abbaye

Dom Guéranger

Dom Guéranger
Dom Guéranger, lavis de Gaillard (1874)

Prosper Guéranger nació en Sablé, el 4 de abril de 1805. De joven, solía pasear hasta Solesmes. Le encantaban la iglesia y los "Santos de piedra". Le gustaba esta soledad sin pensar todavía en hacerse monje. Tras sus estudios en el liceo de Angers, una vocación sacerdotal precoz le condujo al seminario de Le Mans. Fue atraído por el estudio pormenorizado de la historia de la iglesia. Descubrió un pasado en el cual había sido floreciente el monaquismo y el contacto con las grandes obras de los mauristas despertaron en él cierto deseo de vida monástica.

Tras su ordenación sacerdotal en 1827, sigue investigando en París y luego en Le Mans. Cuando se enteró en 1831 del inminente derribo del priorato de Solesmes, se le ocurrió la idea de adquirirlo para reemprender la vida benedictina. Con la ayuda de unos amigos, el impulso del obispo, reúne apenas lo suficiente para alquilar el monasterio e instalarse allí con tres compañeros el 11 de julio de 1833.

Nadie puede imaginar que se trata del inicio de una obra mayor. Incluso existen serias dudas sobre su viabilidad. Todo es humilde y miserable: edificios deteriorados, una pequeña comunidad sin dinero, sin brillo para atraer vocaciones y sin ninguna experiencia de vida monástica. Sólo la conoce en teoría su superior que a la sazón tenía veintiocho años. Esta empresa parecería (sería) una locura, si ella no fuese un acto de fe.

Es verdad que experimenta momentos difíciles. Pero el joven prior, apoyado por la confianza absoluta en la Providencia, por la humildad, la alegría y el optimismo que le eran naturales se vale de una tenacidad serena. No copia servilmente el pasado, se inspira en las tradiciones monásticas más sanas, buscando ante todo el verdadero espíritu de San Benito. Esto no le impide aceptar algunas adaptaciones materiales necesarias para la época moderna. Por su sentido muy seguro de las cosas benedictinas, de la liturgia, de la vida espiritual, es el ejemplo vivo para sus monjes. Los primeros amigos del nuevo Solesmes se encargaron de los gastos más urgentes. Inauguran una larga lista de bienhechores: los Cosnard, Landeau, Gazeau, y luego la Sra. Swetchine, Montalembert, el marqués de Juigné, y otros muchos, que siguen viviendo en el recuerdo de los monjes.

Tras cuatro años de prueba, don Guéranger va a Roma en 1837 a solicitar una aprobación. La Santa Sede no sólo reconoce como auténticamente benedictina la comunidad de Solesmes. También convierte el pequeño priorato en abadía jefe de una congregación francesa de la orden de San Benito. Así, sucede a las antiguas congregaciones de Cluny, Saint-Vanne y Saint-Maur. El 26 de julio, don Guéranger emite su profesión solemne entre las manos del Abad de San Pablo Fuera los Muros en Roma.

Entonces comienza una nueva historia para Solesmes. No se acaban los infortunios ni las contradicciones, pero no pueden estorbar la expansión de la joven abadía.

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