Llamamos canto gregoriano al repertorio musical constituido por cantos que se usan en los oficios litárgicos de la Iglesia católica romana. La tradición litárgica de la Iglesia nos ha legado un conjunto de piezas vocales y monódicas compuestas a partir de palabras latinas de los textos sagrados. Por eso, el canto gregoriano ha recibido a menudo el nombre de Biblia cantada. Intimamente relacionadas con la liturgia, las melodías gregorianas tienen como finalidad ayudar al desarrollo espiritual del hombre para comprender mejor y vivir más intensamente el don de Dios y la coherencia incomparable de le fe cristiana.
En los orígenes del canto gregoriano, se encuentra el repertorio romano compuesto esencialmente durante los siglos V y VI por la schola cantorum.
En la segunda parte del siglo VIII, el soberano del reino franco decreta que se adopten las costumbres litárgicas romanas que él ha podido apreciar en la ciudad eterna.
El texto manuscrito de los cantos romanos fue
tomado como texto de referencia. En general, el canto romano y su
arquitectura modal fueron aceptados por los másicos
galicanos, pero éstos lo vistieron con una
ornamentación completamente diferente.
Este resultado híbrido de los cantos romanos y galicanos es lo que llamamos hoy canto gregoriano.
Con el tiempo, se va disminuyendo el papel y la capacidad de la memoria en la civilización europea, y este fenómeno tiene consecuencias desastrosas para el canto, puesto que sin tradición oral, la másica hay que escribirla. La decadencia es total a fines de la edad media: en esta época, los manuscritos están llenos de "una pesada y fastidiosa sucesión de notas cuadradas". El Renacimento le da el golpe final: las melodías son "coregidas" por los musicólogos oficiales y las largas vocalizaciones reducidas a unas cuantas notas.
En 1833, un joven sacerdote de Le Mans, Dom Prosper Guéranger, se decide a restaurar la vida monástica benedictina en el priorato de Solesmes, después de cuarenta años de interrupción debido a la Revolución francesa. Entre sus proyectos está el abordar la restauración del canto gregoriano. Esto lo hace con entusiasmo. Empieza por la ejecución y pide a sus monjes que respeten en su canto, sobre todo el texto: pronunciación, acentuación, y atención. Todo esto para mejorar la inteligibilidad del canto, lo cual hace posible una verdadera oración.
L'écriture « en fines pattes de mouche » des plus anciens manuscrits est alors indéchiffrable. Mais l'invention de la photographie vient bientôt rendre des services inappréciables. Peu à peu s'élabore une collection incomparable de fac-similés des principaux manuscrits de chant contenus dans les bibliothèques d'Europe : la Paléographie Musicale de Solesmes.