EL PROPIO DE LA MISA
El Propio, lo constituye las piezas en que los textos
varían según las circunstancias.
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Las piezas principales del Propio son:
- el introito,
- el gradual,
- el alleluia,
- el canto del ofertorio,
- el canto de la comunión.
El introito
El introito acompaña la procesión de entrada del
celebrante y de sus ministros, procurando ayudar a los fieles a
entrar en el misterio celebrado, dando el tema del día o
de la fiesta.
El gradual

- Canto del gradual por la scola
El gradual es el canto de las lecturas. Es un tipo de salmodia
con estribillo. Al principio, la asamblea respondía con
una fórmula sencilla al canto del solista que cantaba los
versículos sucesivos del salmo, pero durante los siglos V
y VI, al enriquecer la ornamentación, el texto se
abrevió.
El alleluia
"Dad alabanzas al Señor", es la traducción literal
de esta palabra hebrea. En la misa se cantaba originalmente solo
el día de Pascua; de allí se ha extendido al Tiempo
de Pascua. Luego se empezó a cantar también los
domingos, celebraciones semanales del misterio de la
Resurrección. Finalmente, se extendió el uso hasta
a los días de semana, fuera de cuaresma.
El ofertorio
No se trata de un canto "funcional" sino de un
acompañamiento de las ceremonias, un tipo de ofrenda
musical suntuosa.
La comunión
La función de este canto es acompañar la
procesión de los que se acercan a la comunión. El
tema del canto de la comunión está casi siempre en
relación con el sacramento que se distribuye en ese
momento. Trata de sintetizar la liturgia de la Palabra y la
liturgia Eucarística.
EL ORDINARIO DE LA MISA

- Canto de entrada por la scola
Al lado de los cantos del Propio con textos
que varían según las circunstancias, la
celebración de la Misa comporta cantos con un texto fijo,
independientemente del día o de la fiesta.
El Kyrie
Kyrie eleison (Señor, ten piedad) es una fórmula
griega con el cual los fieles aclaman a su Señor
implorando su misericordia. Este canto, hoy día situado al
principio de la Misa como rito penitencial, prepara los fieles a
la celebración del misterio eucarístico.
El Gloria
Himno de origen oriental, el Gloria remonta al siglo II.
En la liturgia romana, fue al inicio el canto de entrada de la
Misa de Navidad, puesto que conviene perfectamente por la
inspiración original del base del texto. Progresivamente
fue utilizado en las grandes fiestas del año y en los
domingos.
El Sanctus
Al comienzo de la plegaria eucarística, el canto del
Sanctus introduce el gran recitativo del Prefacio. Se llama "el
himno de los Serafines" que oyó en el templo de
Jerusalén el profeta Isaías. Invita a la Iglesia de
la tierra a unirse a la liturgia del cielo.
El Agnus Dei
Es el canto que acompaña la fracción del Pan que
acaba de ser consagrado, la cual fracción interviene
algunos momentos antes de la distribución de la
comunión de los fieles. Así los asistentes se
aprovechan del espacio que hay entre la consagración y la
comunión «para saludar con homenage y súplica
humilde a El quien se ha hecho presente para nosotros bajo la
apariencia del pan».
EL OFICIO DIVINO
Esta gran plegaria cotidiana de la Iglesia
consagra el conjunto del tiempo humano para la alabanza divina.
Siete veces al día y una vez durante la noche, la
comunidad cristiana se une para celebrar esta liturgia que en el
fondo está constituída esencialmente por el canto
de los salmos.
Las antífonas
El canto del salmo está casi siempre envuelto en una
pieza breve llamada "antífona". Aunque se canta por su
valor propio, introduce y concluye la salmodia.
Los responsorios
Los responsorios son los cantos que responden a las lecturas de
la Biblia y de los Padres durante el oficio de la noche. Es ante
todo un canto de meditación, un comentario contemplativo
del texto sagrado.
Los himnos Las piezas
más populares del oficio son, sin duda, los himnos. Su
importancia en la liturgia occidental ha sido recordada por el
concilio Vaticano II. El himno da el tono y ayuda los fieles a
entrar en el tiempo litúrgico o en el misterio celebrado.
A menudo es una composición sencilla y melodiosa.
CONCLUSION
Al principio, el canto gregoriano puede
parecer monótono. En verdad, es algo desconcertante para
nuestros oídos modernos, acostumbrados a otras
músicas quizás más espectaculares, pero a
menudo menos profundas. En realidad, el repertorio gregoriano es
un mundo complejo que reune varios siglos de la historia de la
música. Es un mundo contrastado que va uniendo
misteriosamente el entusiasmo casi delirante y la interioridad
más delicada. Un mundo de paradojas donde la música
se dilata y llega a su perfección en el silencio.