El Propio, lo constituye las piezas en que los textos
varían según las circunstancias.


Al lado de los cantos del Propio con textos
que varían según las circunstancias, la
celebración de la Misa comporta cantos con un texto fijo,
independientemente del día o de la fiesta.
El Kyrie
Kyrie eleison (Señor, ten piedad) es una fórmula
griega con el cual los fieles aclaman a su Señor
implorando su misericordia. Este canto, hoy día situado al
principio de la Misa como rito penitencial, prepara los fieles a
la celebración del misterio eucarístico.
El Gloria
Himno de origen oriental, el Gloria remonta al siglo II.
En la liturgia romana, fue al inicio el canto de entrada de la
Misa de Navidad, puesto que conviene perfectamente por la
inspiración original del base del texto. Progresivamente
fue utilizado en las grandes fiestas del año y en los
domingos.
El Sanctus
Al comienzo de la plegaria eucarística, el canto del
Sanctus introduce el gran recitativo del Prefacio. Se llama "el
himno de los Serafines" que oyó en el templo de
Jerusalén el profeta Isaías. Invita a la Iglesia de
la tierra a unirse a la liturgia del cielo.
El Agnus Dei
Es el canto que acompaña la fracción del Pan que
acaba de ser consagrado, la cual fracción interviene
algunos momentos antes de la distribución de la
comunión de los fieles. Así los asistentes se
aprovechan del espacio que hay entre la consagración y la
comunión «para saludar con homenage y súplica
humilde a El quien se ha hecho presente para nosotros bajo la
apariencia del pan».
Esta gran plegaria cotidiana de la Iglesia
consagra el conjunto del tiempo humano para la alabanza divina.
Siete veces al día y una vez durante la noche, la
comunidad cristiana se une para celebrar esta liturgia que en el
fondo está constituída esencialmente por el canto
de los salmos.
Las antífonas
El canto del salmo está casi siempre envuelto en una
pieza breve llamada "antífona". Aunque se canta por su
valor propio, introduce y concluye la salmodia.
Los responsorios
Los responsorios son los cantos que responden a las lecturas de
la Biblia y de los Padres durante el oficio de la noche. Es ante
todo un canto de meditación, un comentario contemplativo
del texto sagrado.
Al principio, el canto gregoriano puede parecer monótono. En verdad, es algo desconcertante para nuestros oídos modernos, acostumbrados a otras músicas quizás más espectaculares, pero a menudo menos profundas. En realidad, el repertorio gregoriano es un mundo complejo que reune varios siglos de la historia de la música. Es un mundo contrastado que va uniendo misteriosamente el entusiasmo casi delirante y la interioridad más delicada. Un mundo de paradojas donde la música se dilata y llega a su perfección en el silencio.