De nuestro trabajo (talleres de todo tipo útiles para
la vida del monasterio, huerto, jardines, colmenas),
de los honorarios de misas, de las ventas de nuestro
almacén (objetos de piedad)
y de nuestras ediciones de libros y de discos.
Recibimos también algunas donaciones de bienhechores.
A causa de nuestro voto de pobreza, nuestros gastos
son muy reducidos.
Por ejemplo, no tenemos presupuesto ninguno para vacaciones, turismo, etc.
Nuestra regla: contentarse con lo estrictamente necesario.